viernes, 12 de enero de 2018

PAPA FRANCISCO: SI LA ORACIÓN NO SE HACE CON VALENTÍA NO ES CRISTIANA


Si la oración no se hace con valentía no es cristiana, asegura el Papa Francisco
 Foto: Vatican Media




En la matutina Misa en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco habló este viernes de la importancia de orar bien y subrayó que “si la oración no es valiente no es cristiana”.

Francisco recordó los relatos evangélicos de la curación de un leproso y de un paralítico en la que ambos rezan con valentía. “Siempre, cuando nos acercamos al Señor para pedir algo, se debe partir de la fe y hacerlo en la fe: ‘Yo tengo fe en que tú puedes sanarme, yo creo que tú puedes hacer esto’”, dijo en la homilía.

El Papa pidió entonces no rezar como “papagayos” y sin “interés” en lo que se pide, sino pedir al Señor que “nos ayude en nuestra poca fe” porque “la voluntad hace encontrar una solución” y hace “ir más allá de las dificultades”.

“Valentía para acercarse al Señor cuando hay problemas. Muchas veces se requiere paciencia y saber esperar los tiempos, pero no desfallecer, ir siempre adelante. Pero si con fe me acerco al Señor y digo: ‘Si tú quieres, puedes darme esta gracia’, y después como quizás esa gracia no ha llegado me olvido...”.

Francisco puso de ejemplo a la madre de San Agustín, Santa Mónica, que “lloró tanto” por la conversión de su hijo. Tuvo “valentía para desafiar al Señor”, para “ponerse en juego”.

“La oración cristiana nace de la fe en Jesús y va siempre con la fe más allá de las dificultades. Una frase para llevarla hoy en nuestro corazón que nos ayudará es la de nuestro padre Abraham, al cual le fue prometida la herencia, es decir, tener un hijo a los 100 años”.

“Dice el apóstol Pablo: ‘Creed’ y con esto fue justificado. La fe ‘se puso en camino’: fe y hacer todo para llegar a esa gracia que estoy pidiendo. El Señor nos ha dicho: ‘Pedid y se os dará’. Tomemos esta Palabra y tengamos confianza, pero siempre con fe, y poniéndola en juego”, dijo el Papa.

“Este es el coraje que tiene la oración cristiana. Si una oración no es valiente no es cristiana”, repitió de nuevo.

LA BONDAD, UNA VIRTUD QUE SE HA OLVIDADO


La Bondad, una virtud que se ha olvidado.
5 Tips para lograr tener hijos seguros de sí mismos y bondadosos.


Por: Silvia del Valle | Fuente: www.tipsmama5hijos.com 




Últimamente, las virtudes han pasado de moda y la sociedad nos invita a ser atrevidos, a no dejarnos y a usar la violencia si es necesario.

Existe una corriente que invita a nuestros hijos a ser competitivos, a ser los primeros en todo y les dice que el bueno, es tonto y no tiene éxito en la vida.

Pero al final de cuentas, si no existe bondad, las cosas se van a pique y nuestros hijos se enrolan en la dinámica del “atropellar a quien me estorbe para hacer mi voluntad, para cumplir mis sueños”.

Por eso aquí te dejo mis 5Tips para lograr tener hijos seguros de sí mismos y bondadosos.

PRIMERO. Diles que los amas en todo momento.
Nuestros hijos deben tener claro que nosotros los queremos a pesar de lo que hagan o dejen de hacer.

Nuestro amor debe ser incondicional y debemos expresarlo constantemente, así nuestros hijos sabrán que lo tienen y que si por alguna razón se equivocan, no lo perderán.

Es importante que los abracemos y acariciemos, sin causarles pena, pero si que nos sientan cercanos para que no busquen ese cariño en otras personas que pueden llevarlos por mal camino y hacerles más Chi daño.

SEGUNDO. Que sepan que estás siempre disponible para ellos.
Si no sienten nuestra atención y cercanía comenzarán a llamar nuestra atención con actitudes negativas o rebeldes.

Recordemos que ahora, con la mayor facilidad, encuentran consejos equívocos sobre este tema, ya sea en el internet o con sus compañeros.

Siempre es mejor ser padres cercanos a nuestros hijos.


TERCERO. Enséñalos a obedecer por convicción.
La obediencia es la base de una buena educación. Pero no debe ser una obediencia ciega, debe ser una obediencia razonada y aceptada.

Así podrán detectar si la orden es lícita o si atenta contra su dignidad.

No queremos hijos esclavos, queremos hijos obedientes y que razonen.

Para lograrlo podemos darles en cada petición una pequeña explicación del por qué les pedimos las cosas.

CUARTO. Que aprendan a discernir lo bueno de lo malo.
Siempre es mejor que por ellos mismos sepan lo que es bueno y lo que es malo, lo que les conviene o no.

Esto se logra conforme van creciendo. Primero debemos enseñarles el significado de bondad y maldad.

Debemos también enseñarles lo que está permitido y lo que no está permitido, de esta así se van formando un criterio y les vamos formando el carácter.

Además, es bueno que aprendan a tomar decisiones en cosas pequeñas para que cuando sea necesario puedan hacerlo en las cosas importantes.

QUINTO. Que sepan ofrecer sus actos a Dios.
De esta forma tendrán cuidado de sus acciones porque sabrán que están dedicados a Dios y que siempre deben estar encaminados a El.

Y cuando cometan un error, será sencillo también ofrecerlo y corregirlo para que sus actos sean agradables a Dios.

Recordemos que las virtudes se alcanzan poco a poco, con la vivencia cotidiana.

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 14 ENERO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
14 de enero



No hay cosa que Cristo nos recomiende tanto en su Evangelio como la unión entre todos los cristianos; es que el mundo necesita del testimonio de unidad que nosotros, los cristianos, debemos darle, a fin de llegar a conseguir que todos lo hombres caigan en la cuenta de que son hermanos y, en consecuencia, se tengan como hermanos, se respeten como hermanos, se ayuden como hermanos.


* P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DEL DOMINGO 14 ENERO 2018


Lecturas del Domingo 2º del Tiempo Ordinario - Ciclo B
 Domingo, 14 de enero de 2018



Primera lectura
Lectura del primer libro de Samuel (3,3b-10. 19):

En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo del Señor, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel, y él respondió: «Aquí estoy.»
Fue corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» 
Respondió Elí: «No te he llamado; vuelve a acostarte.» 
Samuel volvió a acostarse. Volvió a llamar el Señor a Samuel. 
Él se levantó y fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» 
Respondió Elí: «No te he llamado, hijo mío; vuelve a acostarte.» 
Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. 
Por tercera vez llamó el Señor a Samuel, y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy; vengo porque me has llamado.» 
Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho, y dijo a Samuel: «Anda, acuéstate; y si te llama alguien, responde: "Habla, Señor, que tu siervo te escucha."» 
Samuel fue y se acostó en su sitio. 
El Señor se presentó y le llamó como antes: «¡Samuel, Samuel!» 
Él respondió: «Habla, que tu siervo te escucha.»
Samuel crecía, y el Señor estaba con él; ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

Palabra de Dios


Salmo
Sal 39,2.4ab.7.8-9.10

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor; 
él se inclinó y escuchó mi grito; 
me puso en la boca un cántico nuevo, 
un himno a nuestro Dios. R/.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, 
y, en cambio, me abriste el oído; 
no pides sacrificio expiatorio. R/.

Entonces yo digo: «Aquí estoy 
–como está escrito en mi libro– 
para hacer tu voluntad.» 
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/.

He proclamado tu salvación 
ante la gran asamblea; 
no he cerrado los labios; 
Señor, tú lo sabes. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (6,13c-15a.17-20):

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor, para el cuerpo. Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (1,35-42), del domingo, 14 de enero de 2018
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Lectura del santo evangelio según san Juan (1,35-42):

En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice: «Éste es el Cordero de Dios.» 
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. 
Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta: «¿Qué buscáis?» 
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» 
Él les dijo: «Venid y lo veréis.» 
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús. 
Jesús se le quedó mirando y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce Pedro).»

Palabra del Señor



Comentario al Evangelio del domingo, 14 de enero de 2018
Fernando Torres cmf


Todos estamos llamados a seguir a Jesús

      Hoy se habla mucho de las vocaciones. O mejor, de la falta de vocaciones. Seminarios y noviciados de las congregaciones religiosas, tanto masculinas como femeninas, parecen estar casi vacíos. ¿Es que no hay vocaciones como antes? ¿Es que no hay chicos y chicas que escuchen la llamada de Dios?

      Las lecturas de este domingo nos plantean el itinerario más básico de la vocación cristiana. No de la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa sino a la vida cristiana. Sólo el que escucha la voz de Dios que le llama a la vida cristiana podrá luego pensar si tendrá que vivir esa vida como laico casado o casada o como sacerdote diocesano o como religioso o religiosa. Pero lo básico será siempre ponerse a la escucha y no confundir la voz de Dios con las muchas voces que en nuestro mundo nos ofrecen caminos aparentemente hermosos y llenos de buenas perspectivas pero que, quizá, a la larga, no terminan de dar todo lo que prometen. Esa necesidad de escuchar bien y de identificar las diversas voces que nos llaman se pone de manifiesto en la primera lectura. El pequeño Samuel escucha la voz de Dios que le llama, pero, quizá por su juventud, cree que es su maestro Elí el que le llama. Necesita enseñanza, orientación y ayuda para discernir y darse cuenta de que la voz que le llama es el mismo Dios. 

      La siguiente etapa de la vocación cristiana es seguir a Jesús y escucharle. Mejor todavía, entrar en su casa y quedarnos con él, convivir con él, sentir con él, compartir sus sentimientos e ideales. Hasta hacerlos nuestros. Eso es lo que hicieron aquellos discípulos de Juan que vieron pasar a Jesús. “Maestro, ¿dónde vives?”. La respuesta es clara: “Venid y lo veréis”. No hay más camino que ir por nosotros mismos y experimentar. Conocer a Jesús de cerca es una experiencia personal que nadie puede hacer por nosotros. 

      Sólo cerca de él, sentiremos que cambia nuestra vida y que ésta toma una nueva y definitiva dirección porque el Evangelio se convierte en su centro. Es lo que en el Evangelio se simboliza con el cambio de nombre de Simón. Su nuevo nombre “Cefas-Pedro” tiene que ver con la misión que se le encarga al servicio del Evangelio. O lo que en la lectura de la primera de Corintios se sugiere al decir que ahora el cristiano es templo del Espíritu Santo. ¡Ojala todos escuchemos la voz de Dios que nos llama a vivir al servicio del Reino que Jesús predicó! Porque lo otro, ser sacerdotes, vivir en matrimonio o comprometerse en la vida religiosa, vendrá como consecuencia.



Para la reflexión

      ¿Has escuchado alguna vez la voz de Dios que te llama y te invita a seguirle? ¿Has preferido cerrar los oídos porque sentías que escucharle te iba a exigir demasiado? ¿Qué crees que Dios te pide que cambies en tu vida?

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 13 ENERO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
13 de enero




El Dios del Evangelio no es el Dios gélido de la razón, la Causa Primera de la filosofía, el Primer Motor de la metafísica, el Dios inmutable e impasible, el Dios interesado o comerciante, el Dios almacenero, el Dios policía; no, él no es nada de eso.

El Dios del Evangelio es el Dios cálido, como unos brazos de Padre, el Dios Padre de los hombres, el Dios providente que cuida de sus hijos, el Dios que ama tanto a la humanidad, que entrega a su propio Hijo para salvarla, el Dios que nos espera con los brazos abiertos, para perdonarnos o premiarnos, el Dios que quiere repartir con nosotros en rebanadas infinitas el pan de la felicidad. El Dios - Hijo que muere para salvarnos, el Dios - Espíritu Santo que nos consuela y nos llena de amor.


Este es el Dios del Evangelio.

EL EVANGELIO DEL DÍA SÁBADO 13 ENERO 2018


Lecturas del Sábado de la 1ª semana del Tiempo Ordinario
Sábado, 13 de enero de 2018



Primera lectura
Lectura del primer libro de Samuel (9,1-4.17-19; 10,1a):

Había un hombre de Loma de Benjamín, llamado Quis, hijo de Abiel, hijo de Seror, hijo de Becorá, hijo de Afiaj, benjaminita, de buena posición. Tenía un hijo que se llamaba Saúl, un mozo bien plantado; era el israelita más alto: sobresalía por encima de todos, de los hombros arriba. 
A su padre Quis se le habían extraviado unas burras; y dijo a su hijo Saúl: «Llévate a uno de los criados y vete a buscar las burras.»
Cruzaron la serranía de Efraín y atravesaron la comarca de Salisá, pero no las encontraron. Atravesaron la comarca de Saalín, y nada. Atravesaron la comarca de Benjamin, y tampoco.
Cuando Samuel vio a Saúl, el Señor le avisó: «Ése es el hombre de quien te hablé; ése regirá a mi pueblo.»
Saúl se acercó a Samuel en medio de la entrada y le dijo: «Haz el favor de decirme dónde está la casa del vidente.»
Samuel le respondió: «Yo soy el vidente. Sube delante de mí al altozano; hoy coméis conmigo, y mañana te dejaré marchar y te diré todo lo que piensas.»
Tomó la aceitera, derramó aceite sobre la cabeza de Saúl y lo besó, diciendo: «El Señor te unge como jefe de su heredad. Tú regirás al pueblo del Señor y lo librarás de la mano de los enemigos que lo rodean.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 20,2-3.4-5.6-7

R/. Señor, el rey se alegra por tu fuerza

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios. R/.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término. R/.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia. R/.


Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,13-17):

En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a la orilla del lago; la gente acudía a él, y les enseñaba. 
Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme.»
Se levantó y lo siguió. Estando Jesús a la mesa en su casa, de entre los muchos que lo seguían un grupo de publicanos y pecadores se sentaron con Jesús y sus discípulos. 
Algunos escribas fariseos, al ver que comía con publicanos y pecadores, les dijeron a los discípulos: «¡De modo que come con publicanos y pecadores!»
Jesús lo oyó y les dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.»

Palabra del Señor



Comentario al Evangelio del sábado, 13 de enero de 2018
Luis Manuel Suárez CMF


Queridos amigos:

La llamada de Jesús es personal, concreta y gratuita.

Jesús llama personalmente. No lo dice en general, ni a ver si alguien se da por aludido. De entre todo el gentío, al pasar Jesús ve a Leví y le llama. Es una llamada personal e intransferible. En este momento es a él a quien llama. Por eso la respuesta sólo puede ser personal, aunque sea junto a otros.

Jesús llama concretamente. No llama para nada, ni para algo abstracto. “Sígueme”. Ahí está el contenido de la llamada: seguir sus huellas, caminar sus caminos… hacer lo que Él hace, decir como Él dice, sanar como Él sana, anunciar como Él anuncia… amar como Él ama… y todo esto en movimiento, porque no será lo mismo hacerlo en Cafarnaún que en Jerusalén… en el siglo I que en el XXI…

Jesús llama gratuitamente. Porque Leví no era precisamente un modelo de conducta para sus paisanos. Y puestos a pensar en alguien influyente, podía haber habido otros muchos.

Pero Jesús llama de forma gratuita, porque quiere. Y se ha fijado en él. Porque no ve las apariencias, sino el corazón. Y sabe que en ese hombre aparentemente indigno, hay escondido un hijo de Dios y un apóstol que puede salir a la luz a lo largo del camino. “No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”. Para evitar cualquier tentación de “dignidad” mal entendida.

Señor Jesús, Tú me llamas
por el nombre,
de manera concreta,
por pura gracia.
Que yo te pueda responder
desde lo que tú vas generando en mi.
Gracias por tu confianza.
Tu confianza me construye.

Vuestro hermano en la fe:


Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS, 12 ENERO


LOS CINCO MINUTOS DE JESÚS
12 de enero



Cristo necesita de brazos y pies, de bocas y lenguas, a fin de poder llegar a todos los lugares, a todos los tiempos, a todas la personas.

Cristo cuenta también con nosotros; cuenta con nuestras lenguas, para la comunicación del Evangelio y la extensión de la Iglesia de Dios; cuenta con nuestros pies, para seguir a los hermanos alejados, a fin de volverlos al buen camino; cuenta con nuestros ojos, para poder detectar los ambientes en los que se necesita la presencia del Señor; cuenta con nuestro corazón, para prender fuego a nuestro alrededor.

Y, sobre todo, Cristo cuenta con nuestra entrega; con una entrega sin límites, ni restricciones, ni retaceos; con una entrega desprovista de egoismos. Cristo cuenta con que nosotros vamos a decir siempre que sí, ese sí que en la fe le decimos al Señor y que ya no se lo vamos  retirar; Cristo cuenta con ese sí, aunque debamos darlo cuando él nos pida algo que implique dolor y hasta humillación; Cristo cuenta con nosotros, siempre que se nos pida un apostolado, por difícil que se nos presente.


* P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DE HOY VIERNES 12 ENERO 2018


Lecturas de hoy Viernes de la 1ª semana del Tiempo Ordinario
 Hoy, viernes, 12 de enero de 2018




Primera lectura
Lectura del primer libro de Samuel (8,4-7.10-22a):

En aquellos dias, los ancianos de Israel se reunieron y fueron a entrevistarse con Samuel en Ramá. 
Le dijeron: «Mira, tú eres ya viejo, y tus hijos no se comportan como tú. Nómbranos un rey que nos gobierne, como se hace en todas las naciones.»
A Samuel le disgustó que le pidieran ser gobernados por un rey, y se puso a orar al Señor.
El Señor le respondió: «Haz caso al pueblo en todo lo que te pidan. No te rechazan a ti, sino a mí; no me quieren por rey.»
Samuel comunicó la palabra del Señor a la gente que le pedía un rey: «Éstos son los derechos del rey que os regirá: a vuestros hijos los llevará para enrolarlos en sus destacamentos de carros y caballería, y para que vayan delante de su carroza; los empleará como jefes y oficiales en su ejército, como aradores de sus campos y segadores de su cosecha, como fabricantes de armamento y de pertrechos para sus carros. A vuestras hijas se las llevará como perfumistas, cocineras y reposteras. Vuestros campos, viñas y los mejores olivares os los quitará para dárselos a sus ministros. De vuestro grano y vuestras viñas os exigirá diezmos, para dárselos a sus funcionarios y ministros. A vuestros criados y criadas, vuestros mejores burros y bueyes, se los llevará para usarlos en su hacienda. De vuestros rebaños os exigirá diezmos. Y vosotros mismos seréis sus esclavos. Entonces gritaréis contra el rey que os elegisteis, pero Dios no os responderá.»
El pueblo no quiso hacer caso a Samuel, e insistió: «No importa. ¡Queremos un rey! Así seremos nosotros como los demás pueblos. Que nuestro rey nos gobierne y salga al frente de nosotros a luchar en la guerra.»
Samuel oyó lo que pedía el pueblo y se lo comunicó al Señor.
El Señor le respondió: «Hazles caso y nómbrales un rey.»

Palabra de Dios


Salmo
Sal 88,16-17.18-19

R/. Cantaré eternamente tus misericordias, Señor

Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo. R/.

Porque tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo
y el Santo de Israel nuestro rey. R/.



Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos (2,1-12):

Cuando a los pocos días volvió Jesús a Cafarnaún, se supo que estaba en casa. Acudieron tantos que no quedaba sitio ni a la puerta. Él les proponía la palabra. Llegaron cuatro llevando un paralítico y, como no podían meterlo por el gentío, levantaron unas tejas encima de donde estaba Jesús, abrieron un boquete y descolgaron la camilla con el paralítico.
Viendo Jesús la fe que tenían, le dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados quedan perdonados.»
Unos escribas, que estaban allí sentados, pensaban para sus adentros: «Por qué habla éste así? Blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados, fuera de Dios?»
Jesús se dio cuenta de lo que pensaban y les dijo: «¿Por qué pensáis eso? ¿Qué es más fácil: decirle al paralítico "tus pecados quedan perdonados" o decirle "levántate, coge la camilla y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados...»
Entonces le dijo al paralítico: «Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu casa.»
Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto una cosa igual.»

Palabra del Señor




Comentario al Evangelio de hoy viernes, 12 de enero de 2018
Luis Manuel Suárez CMF



Queridos amigos:

La Palabra de hoy pone en relación dos cosas que muchos no relacionaríamos: el perdón y el curarse de una parálisis. ¿Qué tienen que ver?

En la mentalidad judía, la enfermedad era consecuencia del pecado. Si uno tenía una enfermedad o una parálisis, era porque algo malo había hecho –él o sus antepasados-. Por eso Jesús aplica una sanación integral: le perdona y le levanta de su postración.

Eso es lo que viene a hace Jesús: quiere sanar la raíz para que todo el árbol esté sano; quiere reconciliar el corazón, para que toda la persona se levante.

Bien mirado, el perdón y el volver a caminar tienen mucho que ver. Porque vivir dividido, no-reconciliado, implica vivir postrado, empequeñecido, desde lo peor de uno mismo. Y eso se nota. En cambio, cuando uno puede llegar a re-conciliar aquello que estaba roto, quebrado, uno puede volver a levantarse y tomar la vida en sus manos. El rencor paraliza. El perdón levanta. Por eso Jesús hace las dos cosas.

Dos mil años después, Jesús sigue pudiendo sanar a quien se acerca a Él. Él es perdón que levanta de la postración. La cuestión es conseguir ponerse cerca... o lograr que alguien te acerque –como en el evangelio del hoy-.

Señor Jesús,
tú nos das la paz del corazón.
Gracias por tu perdón,
que reconcilia lo que en nosotros está roto.
Con tu perdón podremos levantarnos,
caminar,
y ayudar a caminar a otros.

Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (@luismanuel_cmf)

FELIZ VIERNES




jueves, 11 de enero de 2018

SI TU QUIERES, PUEDES LIMPIARME


¡Si tu quieres, puedes curarme!
Meditación. Los leprosos de nuestro tiempo


Por: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net 




Jesús se va a encontrar a lo largo de su ministerio con muchos leprosos. Esa terrible enfermedad aterraba al pueblo. Pero lo peor era que la pobre víctima se veía condenada a un aislamiento horrible. El leproso no formaba parte de la sociedad. Estaba excluido de la misma de una manera inhumana. Cuando alguien se le acercaba, había de gritar: -¡Leproso, leproso!..., y nadie se podía arrimar a él.

Todo esto nos parece hoy algo increíble. Pero, así era.

Cuando, a fuerza de remedios inútiles, alguno se creía haber curado de semejante mal, tenía que presentarse al sacerdote de la Ley, que diagnosticaba sobre la curación o la permanencia de la enfermedad.

Hay que tener esto presente para valorar la valentía de los leprosos y la de Jesús. La de los unos, para romper con el miedo a la gente y meterse en medio de ella hasta acercarse al Maestro. La de Jesús, para aceptar el diálogo con ellos y hasta tenderles la mano...

Así las cosas, vemos ahora que un leproso, con verdadera audacia, se introduce entre la gente, se arrodilla ante Jesús, y comienza a suplicar:
- ¡Maestro, Maestro! Si tú quieres, puedes curarme!
¡Y qué va a hacer ahora el bueno de Jesús! Se conmueve ante ese cuadro siempre desgarrador de un leproso del que todos huyen. Extiende el brazo, --¡y qué valentía, Dios mío, ante la ley que prohibía tocar a un inmundo!--, le toca al enfermo sus carnes que se caen a pedazos.

Todos los del auditorio se callan. Y oyen las palabras de Jesús:
- ¡Sí que quiero! ¡Cúrate!...

En el mismo instante desaparece la lepra a la vista de todos, que quedan entusiasmados, mientras que el pobre leproso de antes estalla en gritos de júbilo. Jesús cumple con la Ley, y le manda:
- Vete ahora al sacerdote para que testifique tu curación, lleva la ofrenda establecida, y puedas así reintegrarte a la sociedad.

Pero, no queriendo Jesús que se extienda su fama, pues no le conviene ante los posibles levantamientos políticos del pueblo contra los romanos, le ordena ahora severamente:
- ¡Y haz el favor de no decir nada a nadie! ¡Vete con cuidado!...

Sin embargo, el recién curado no hace ningún caso. Mientras se aleja, va gritando a todos: -¡Jesús de Nazaret me ha curado! ¡Jesús de Nazaret me ha curado!...

Jesús no tiene más remedio que esconderse. Se aleja de los centros urbanos y se acoge a lugares solitarios, a pesar de lo cual las gentes no le dejan en paz, porque vienen a Él de todas partes.

Hasta hace poco, cuando se nos narraba este milagro en la Iglesia, siempre los predicadores nos llevaban como de la mano hacia la consideración del pecado, lepra del alma, y de la cual nos libraba el Señor mediante el ministerio del sacerdote. No estaba del todo mal... Pero hoy la cosa ha cambiado de signo.

Cuando narramos este hecho en nuestros días nos vamos más bien en nuestra reflexión hacia los marginados modernos, a los hombres hermanos nuestros que se ven excluidos de tantos bienes de la vida social.

Y podemos hacer la lista bien alargada:
los pobres que no tienen nada;
las víctimas de enfermedades antes desconocidas y que actualmente nos espantan;
los trabajadores explotados;
las mujeres víctimas de organizaciones criminales que las reclutan para el vicio;
los niños comprados para fines inconfesables;
los drogadictos y muchos alcoholizados de los que nadie quiere cuidar;
los detenidos en muchas cárceles sin las atenciones debidas a los más elementales derechos humanos.

¿Para qué seguir señalando otros males que están muy presentes en nuestra mente y a flor siempre de nuestros labios?...

Todos estos leprosos modernos, ¿no tienen remedio? ¿Se sienten de veras excluidos de todo cuidado? ¿Jesús mismo huye de ellos?... ¡No! ¡Afortunadamente, no! Jesús, por su Iglesia, sale siempre al encuentros de todos ellos. Y ellos saben que la Iglesia no los va a rechazar nunca.

La prueba la tienen en tantas organizaciones católicas creadas expresamente para acogerlos.

Tenemos el ejemplo de las Misioneras de la Madre Teresa. Apenas empezó a extenderse el SIDA, la Madre propuso a sus religiosas, y ellas lo aceptaron inmediatamente, el cuidar de esos enfermos de los que todos huyen.

Y no solamente hace esto la Iglesia Católica, sino tantas otras organizaciones humanitarias, que llevan a todos los marginados una muestra cariñosa de la bondad y del amor de Dios.

Cuando llega el momento de curar a los leprosos modernos, y nos piden una colaboración de nuestro bolsillo, vemos en las mesas petitorias a caballeros y damas respetables, a jóvenes magníficos y a señoritas simpáticas. En sus rostros adivinamos otro rostro que todos conocemos muy bien, el de Jesús que sigue diciendo:
- ¡Sí, quiero! Yo quiero que esos leprosos modernos se curen. Hacia ellos extiendo el brazo de mi compasión y de mi bondad, mientras lo alargo hacia vosotros pidiendo vuestra colaboración generosa...

¡Señor Jesucristo! Esto es lo que nos dices hoy. Esto nos pides a favor de tantos leprosos en su espíritu. ¿Por qué no te vamos a hacer caso?....

MARCOS 1,40-45

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